Simbiosis industrial: cómo convertir la gestión de residuos en una práctica sostenible

por Nov 17, 2016Sostenibilidad y Medio Ambiente0 Comentarios

Pedro Sánchez Fuentes, Ingeniero Industrial por la Universidad Politécnica de Madrid y Máster en Energía y Sostenibilidad Industrial por De Montfort University, presenta algunos conceptos, tendencias y experiencias en torno a la economía circular y la simbiosis industrial. Con su difusión realizamos una tarea de concienciación y pretendemos favorecer el desarrollo de un sector en continuo cambio y con un largo recorrido de crecimiento.

El camino hacia la economía circular en el sector industrial

En el año 2013 se recogieron en España 467,6 kilogramos de residuos urbanos por habitante, mientras que el volumen total de residuos tanto urbanos como no urbanos alcanzaba los 45,5 millones de toneladas. El 55% fue reciclado según estadísticas oficiales, mientras que el resto fue vertido o incinerado. Téngase en cuenta que las cifras hablan de residuos recogidos, pero los datos de volúmenes generados son mucho mayores. En el caso de la industria se generaron 42,9 millones de toneladas en el año 2012 [1]. Sirvan los números para ilustrar, por un lado, la magnitud del problema, y, por otro, la propia dificultad de responder a dos cuestiones: cuánta basura genera nuestro estilo de vida actual y dónde acaban todos esos residuos.

En los últimos tiempos han recibido atención mediática desastres medioambientales como el del cementerio de neumáticos de Seseña, ocasionado por una inadecuada gestión de residuos. A raíz de tal suceso se ha incrementado la preocupación social. El debate generado no debe sino ayudar a fomentar una mejor gestión y la promoción de prácticas ya existentes y probadas con éxito en otros países.

Son diversas las teorías y escuelas de pensamiento para un Desarrollo Sostenible: la “Performance Economy” de Walter Stahel, los principios “Cradle-to-Cradle” de Braungart y McDonough, la “Biomimética” de Janine Benyus, la “Economía Azul” de Pauli, la “Ecología industrial” de Daly o el “Capitalismo Natural” de Lovins, entre otras. Si bien todas estas teorías pudieron carecer de herramientas prácticas en sus orígenes, han evolucionado hasta ofrecer soluciones realistas y efectivas. Todas ellas han aportado ideas a la corriente más generalizada conocida actualmente como Economía Circular [2], cuyo objetivo último es la creación de sistemas circulares donde el uso de los recursos se optimice, de manera que éstos puedan permanecer en la cadena productiva indefinidamente en lugar de desecharse tras su uso.

Imagen de economia circular

Economía circular. Fuente: Ellenmacarthurfoundation

Stahel aportaba ya una explicación desde el punto de vista energético en «The Potential for Substituting Manpower for Energy», donde afirmaba que el mayor consumo energético en los procesos de fabricación deriva de las etapas de extracción y tratamiento de las materias primas, y no de los procesos en sí mismos. Por tanto, reutilizando los recursos podría sustituirse energía por mano de obra, y así obtenerse, por un lado, ahorros energéticos y, por otro, nuevos puestos de trabajo.

Sea por motivos medioambientales, económicos o sociales, el modelo de Economía Circular parece haber calado y abrirse paso con fuerza. La propia Comisión Europea viene apostando por ella en las últimas décadas con diversas directivas [3]. El último paquete de medidas de Diciembre de 2015 endurecía los objetivos de reciclado y porcentajes máximos de eliminación en vertedero, fijando este último en el 10% para 2030. Con un potencial de ahorro estimado en consumos materiales de entre el 17 y el 24% cualquier medida de fomento de la economía circular y la simbiosis industrial tendrá sin duda efectos positivos en la industria y la economía en general.

Pero, ¿en qué consiste y cómo se pone en práctica? La Economía Circular es un nuevo modelo industrial basado en una serie de principios. Promueve la eliminación del residuo; la industria genera desechos pero tienen un valor. Existen sólo dos tipos de productos, los consumibles biodegradables y los materiales técnicos (metales o plásticos) que deben ser reutilizados. Además toda la energía necesaria para alimentar el entramado industrial debe ser renovable.

En el ámbito industrial se utiliza también el término “Simbiosis Industrial”. El primer ejemplo de complejo industrial en simbiosis fue el de Kalundborg en Dinamarca [4]. Este ecosistema industrial comenzó a desarrollarse en los años 60 y ha crecido mediante acuerdos de colaboración público-privada, con empresas comprando y vendiendo productos residuales, y resultando en una mejora de la eficiencia económica y medioambiental. Los flujos intercambiados incluyen no sólo materiales, sino también agua y energía. Como ejemplos más representativos, el vapor sobrante de una planta de generación eléctrica se vende a una refinería y una planta farmacéutica, mientras que el calor es también recuperado e inyectado en una red de calor de distrito. A su vez, la refinería vende gas a un fabricante de yeso para su secado, y azufre a un fabricante de ácido sulfúrico. El fabricante de paneles de yeso recibe asimismo sulfato de calcio de la planta eléctrica. El residuo biológico de la farmacéutica es transformado en fertilizante y suplementos alimentarios para animales [5].

Posteriormente se han desarrollado también experiencias de éxito a una escala nacional y, por tanto, cualitativa y cuantitativamente con mayor impacto. Es el caso de NISP (por sus siglas en inglés), el Programa Nacional de Simbiosis Industrial de Reino Unido [6]. Entre 2005 y 2013 más de 15000 compañías, en su mayoría pequeñas y medianas empresas, participaron del programa. Ejemplos de “conexiones” establecidas incluyen captura de CO2 y su reutilización en invernaderos o la utilización de residuos orgánicos como biomasa y en la fabricación de comida para animales.

Si bien existen en España proyectos piloto a nivel regional, no existe aún una iniciativa más ambiciosa que pueda hacer de la Simbiosis Industrial una realidad nacional. Son múltiples las barreras identificadas, entre las que cabe destacar la falta de información y de disponibilidad de recursos de las empresas, la escasa tendencia a la inversión en soluciones para la mejora de la eficiencia de las operaciones o en nuevos modelos de gestión, y los hábitos de consumo tradicionales. Es indudable que para caminar hacia la simbiosis industrial y la economía circular es necesaria la acción y voluntad combinada del sector público y privado. No es menos cierto no obstante que es necesario también un cambio de mentalidad en la sociedad, que dé más importancia a las consecuencias para el futuro de nuestro estilo de vida actual. En cualquier caso, el entorno es ahora favorable y los intereses de los distintos actores deben alinearse para perseverar en prácticas como la simbiosis industrial, de probado éxito en otros países, y con indudables beneficios económicos, sociales y medioambientales.

Referencias

[1] http://www.ine.es/dyngs/INEbase/

[2] https://www.ellenmacarthurfoundation.org/

[3] http://ec.europa.eu/priorities/jobs-growth-and-investment/towards-circular-economy_en

[4] http://www.symbiosis.dk/en

[5] http://www.ecointeligencia.com/2012/04/kalundborg-ecologia-industrial-ecointeligente/

[6] http://www.nispnetwork.com/

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